La emblemática institución de Pueblo Nuevo festejó su aniversario con un emotivo acto protocolar y su tradicional locro familiar. Un repaso por la historia de un sueño colectivo que comenzó en un salón prestado y hoy es un pilar fundamental para toda la región.

La historia grande de los pueblos no se escribe únicamente con grandes obras de asfalto, sino con la fibra humana de sus vecinos. El pasado 11 de junio, el Centro de Día “Déjalo Ser, Déjame Hacer” cumplió 35 años de vida institucional, y lo festejó como nació: rodeado del afecto, el reconocimiento y la calidez de su comunidad en su sede de la calle Los Plátanos 575, en la localidad de Pueblo Nuevo.
La jornada conmemorativa comenzó con un emotivo acto protocolar que contó con el acompañamiento de las máximas autoridades del distrito. El Intendente Municipal, Leonardo Boto, hizo entrega de una placa conmemorativa en nombre del pueblo de Luján, mientras que el Presidente del Concejo Deliberante, Federico Vanin, otorgó una distinción oficial a los fundadores del espacio, aquellos pioneros que supieron ver el futuro cuando solo había una necesidad.
El encuentro estuvo engalanado por las marchas e interpretaciones de la emblemática y querida banda de música Rerum Novarum, cuyo repertorio coronó un clima de profunda emoción compartida entre funcionarios del ejecutivo, concejales, familiares y, fundamentalmente, los chicos y chicas que asisten diariamente al centro.
Más tarde, las formalidades dieron paso a la tradición. Con un gran marco de público, se llevó a cabo el clásico almuerzo comunitario con un plato de locro que entibió la tarde, amenizado por el color del ballet Agitando Pañuelos y el show musical en vivo de Paula y Fede.
Un sueño construido sobre hojas de papel
Para entender la magnitud de estos 35 años, es necesario remontarse al 11 de junio de 1991. Por aquellos días, un grupo de jóvenes, padres y vecinos de Pueblo Nuevo compartían una profunda inquietud: la urgencia de crear un espacio de contención, integración e inclusión para jóvenes con discapacidad, garantizándoles un lugar propio y activo dentro de la sociedad.
Al principio, todo era pura utopía. En reuniones vecinales sobre hojas de papel, se dibujaban croquis cargados de esperanza. Uno de los fundadores se ilusionaba con conseguir un taller; otro imaginaba que algún vecino solidario donaría una vivienda en desuso; el más entusiasta aseguraba que, con trabajo comunitario, ese rincón se transformaría en un lugar lleno de vida para que los chicos jugaran, aprendieran y desarrollaran sus habilidades bajo la premisa de una sociedad con igualdad de oportunidades.
Mientras se buscaba el lugar definitivo, la Capilla de Pueblo Nuevo abrió generosamente sus puertas cediendo un salón para dar el puntapié inicial. Fue allí, en ese espacio prestado pero desbordante de compromiso, donde nació el nombre que con el tiempo se transformaría en una verdadera bandera de identidad: “Déjalo Ser, Déjame Hacer”.
De la casa prestada al crecimiento regional
La ilusión no tardó en volverse realidad tangible. Gracias a la enorme generosidad de una familia que donó aquella pensada propiedad abandonada, la comunidad se unió en una cruzada solidaria: cuadrillas de vecinos se acercaron a limpiar, remodelar y equipar el lugar con sus propias manos. Así, el 20 de marzo de 1993, se inauguró formalmente la casa principal.
Pero la comunidad de la zona no sabe de techos. El sueño original fue por más: se gestionó un vehículo adaptado para el traslado de los concurrentes, se edificó un Salón de Usos Múltiples (SUM), baños y un sector de parrillas, multiplicando las actividades recreativas y terapéuticas. Al cumplir sus primeros diez años, la institución ya no solo celebraba ladrillos, sino un vínculo inquebrantable que se ramificó con fuerza hacia localidades vecinas como Jáuregui, Cortínez y Olivera.
Valores intactos
Con el correr del tiempo, el Centro de Día fue ampliando su matriz de prestaciones, generando talleres y proyectos productivos institucionales que, además de brindar herramientas laborales y autonomía a los concurrentes, dotaron de sustentabilidad económica a la entidad.
A tres décadas y media de aquel inicio, la esencia inicial permanece inalterable. El crecimiento actual de la institución es el fruto de un hilo conductor invisible que une a generaciones de familias, profesionales, voluntarios, socios y comisiones directivas.
En este nuevo aniversario, el recuerdo y el agradecimiento especial se hicieron extensivos a los familiares de María y José Segura, eslabones indispensables para que aquel lejano e imaginado proyecto sobre el papel se convirtiera en esta hermosa, pujante y noble realidad que hoy abraza a todo el partido de Luján.